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La Zona Geográfica expuesta es la Comarca de la AXARQUÍA, situada en Málaga, zona oriental de la provincia, con información de sus playas, rutas rurales de turismo e historia de sus pueblos principales.
Artículo publicado en la Revista Hispano Cubana, por Ángel Rodríguez Abad para Marta Fuentes, habanera y madrileña. Cuenta con el © Copyright Revista Hispano Cubana HC 2002 y se ha publicado en Axarquiaturismo.com bajo la autorización expresa de la misma.
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CUBA EN MARÍA ZAMBRANO: LUGAR DEL ALBA Y DEL MISTERIO (Siete aproximaciones a la presencia cubana en la escritora española) Ángel Rodríguez Abad En María Zambrano se complementan y entrelazan la vida filosófica y la vida poética; como señala José Ferrater Mora, Zambrano concibe la filosofía como acontecimiento -y aun un acontecimiento radical- en la vida humana, tanto más interesante cuanto que resulta, a la postre, insuficiente para colmar la abertura total de su esperanza, siempre unida a una desesperación: los temas de la filosofía son para María Zambrano, siguiendo la terminología de su admirado Gabriel Marcel, misterios y no problemas. Antonio Colinas, uno de los poetas españoles más influidos por la escritora, ha subrayado su nítida y heterodoxa actitud vital que la mantuvo, a partir de su condición de discípula de Ortega y Gasset, alejada siempre de los cerrados círculos académicos, preservando su condición de creadora atípica en el panorama español tan conservador; apostó en su reflexión por un tipo de saber en los límites de la diferencia y de la persecución, y sus planteamientos e investigaciones, siempre sugestivos y arriesgados, inciden en el filón original y secreto del conocimiento. Pensadora pues siempre nueva y sabia, contaminada por el propósito de Rimbaud de fijar vértigos. El estallido de la guerra civil española le conduce en accidentado periplo en barco a poner el pie en La Habana, camino de Santiago de Chile, en octubre de 1936. Conoce de inmediato, en un homenaje de intelectuales solidarios con la causa republicana, a José Lezama Lima, dando lugar a una amistad verdadera que duraría hasta la muerte del poeta en 1976. "En esta sierpe de recuerdos, larga y apretada en mi memoria, surge aquel joven con tal fuerza que por momentos lo nadifica todo. Era José Lezama Lima. Su mirada, la intensidad de su presencia, su capacidad de atención, su honda cordialidad y medida, quiero decir comedimiento, se sobrepusieron a mi zozobra; su presencia, tan seriamente alegre, tan audazmente asentada en su propio destino, quizá me contagió. Estaba segura de reencontrarlo más tarde en un encuentro de esos que no se buscan, que vienen dados o que son nacimientos en la memoria y sus laberintos, en aguas transparentes y profundas, misterio y claridad. Ya en La Habana, en el exilio, supe siempre, nos viésemos mucho o poco, que fue un encuentro sin principio ni fin". Ese lugar natural sería la isla de Cuba, y las amistades habaneras que la acogerían con fervor. Así lo recuerda en Delirio y destino, en el revelador capítulo "Desde La Habana a París": "Habían pasado los días cayendo como gotas de luz, en esta isla apenas posada sobre las aguas. En esta isla en la luz, más que en el mar. Luz que la guardaba a veces como en un fanal azul y a veces la dejaba al descubierto, a la intemperie del fuego solar y de la Luna. En el "invierno", la Isla es como una plataforma de tierra vuelta hacia los astros, como si flotara en el océano luminoso u oscuro del espacio interestelar". Y como elemento vivificador añade: "La amistad la había guardado también, las amistades que la ligarían a la Isla, la fijarían en ella y la harían volver una y otra vez, atraída por esa vibración cordial que la hacía sentirse dentro de un corazón humano, sin patetismo, de un corazón simple y ligero. Inocente aún de la culpa histórica". Apolo, dios de la luz y de la poesía, divinidad siempre cara a María Zambrano, parecía conceder su protección en este lugar de reencuentro a la extranjera y peregrina. Es preciso señalar que María Zambrano, desde su secreta comunión con la isla caribeña, desde el constante madurar de un idioma español con el que iba irradiando la plenitud de su obra, no olvidaba lo que ocurría en la vieja Europa en guerra, consciente en su lucidez de la agonía de un mundo y de los peligros que se cernían sobre la vida y la cultura. Escribe desde las catacumbas, pues late sin aflorar la esperanza: "Así vivimos los hijos de ese Continente en agonía que se llama Europa, acogidos en este otro, tranquilo como un lago a pesar de ser tan protagonista en la bélica contienda. Y en la forzada calma en que nuestra condición nos mantiene sumergidos, la vida se desborda, casi se desvive, y es vida que se mira en el pasado, revive el pasado, mas tiende también hacia el porvenir y pretende dibujarlo en el aire.(...) Hoy cada europeo, donde quiera que se encuentre, habita en una catacumba, la lleva dentro de sí, porque ha vuelto el tiempo del desprecio. Y una catacumba bien puede ser el propio, inajenable corazón". Pero la voz de los poetas permanece y sobrevive: el poeta es un rebelde y un enamorado; un descendiente legítimo de Baudelaire y de Rimbaud, Antonin Artaud, que muere en 1948, y María Zambrano lo convoca: "Un poeta es alguien que pertenece al mundo de la fábula, de lo maravilloso (...) es alguien que padece en su vida de hombre mortal la responsabilidad más exigente: la que proviene de decir lo aún no dicho, de expresar lo que gemía en el silencio, en las fronteras mismas de lo inefable". Cuba es territorio de raíces para la desterrada. En una carta escrita a Lezama Lima el día de año nuevo de 1946, ya en Roma donde vivía desde 1953, proporciona la escritora la clave poética de su reconocimiento insular al evocar el domingo de su llegada a La Habana: "Creía volver a Málaga con mi padre joven vestido de blanco -de alpaca- y yo de niña en un coche de caballos. Algo en el aire, en las sombras de los árboles, en el rumor del mar, en la brisa, en la sonrisa y en un misterio familiar. Y siempre pensé que al haber sido arrancada tan pronto de Andalucía tenía que darme el destino esa compensación de vivir en La Habana tanto tiempo, pues que las horas de la infancia son más lentas. Y ha sido así. En La Habana recobré mis sentidos de niña, y la cercanía del misterio, y esos sentires que eran al par del destierro y de la infancia, pues todo niño se siente desterrado. Por eso quise sentir mi destierro allí donde se me ha confundido con mi infancia". La presencia de Cuba, de su luz y de su escritura, acompaña desde su revelación a María Zambrano, a lo largo de toda su trayectoria en su condición de sibila errante y visionaria. Que no fue sólo una mutua influencia origenista y de época -con toda la importancia que ello tiene para la cultura hispánica de ambas vertientes- lo prueba la fascinación y el emblema de otra figura, más episódica en el tiempo, pero no por ello menos honda y verdadera. Me refiero a su relación con Calvert Casey -cifra del exilio ambos en su condición de criaturas extraordinarias- a quien conoció en Ginebra a través del poeta español José Ángel Valente. Dice Zambrano de Casey que la orfandad y el exilio envolvían su ser. Y dejó escrito: "Llevaba con él una Habana que yo bien me sabía: habría señalado la calle donde habitaba, y lo que es más decisivo: el sonido, el río de las conversaciones, la hondura de los silencios, el vacío que se abría en sus balcones, en sus portales, el hueco hospitalario que en ciertos momentos alumbra allí como repentinamente caído de un cielo. La presencia indeleble de Calvert Casey vi que arrastraba consigo la herida de la luz aquella, del cielo de La Habana: fuera él donde fuese iría así ardiendo de su invisible fuego, como una llama". Casey llevaba a Cuba consigo. Pero además de la luz, María Zambrano también percibiría la proximidad del misterio. Las conversaciones sobre la Guía Espiritual de Miguel de Molinos, el suicidio de Casey en Roma, los relatos de El regreso y sobre todo las Notas de un simulador, delación del ser que ha entrado en lo irremediable, derivan a la escritora hacia el arcano, cámara secreta del conocimiento: "la secreta cámara nupcial donde el misterio último se celebra; esas cámaras secretas que encierran los sucesos esenciales del ser en su vida". A través de la amistad, a través de la palabra y de la luz, la identificación de Lezama Lima y de La Habana son una suerte de revelación en la vida y en la obra de María Zambrano. "Pues que alguien habita verdaderamente un lugar, como José Lezama Lima La Habana, cuando el laberinto que forman sus propias entrañas reclama ser reconocido y resulta ser válido coincidente con el laberinto de su ciudad". Tras un viaje a Grecia, María Zambrano escribe en el verano de 1972 al poeta católico órfico: "Toda de negro y la cabeza cubierta por un velo de ceniza subí a la Acrópolis en penitente más que en otra cosa, y así a Delfos donde te recordé especialmente. En Eleusis también te recordé y a tu madre mucho que se me pareció a una hermosísima cabeza dorada de piedra de color de mies como todas allí, color de Madre, de una Cariátide. Fuimos a Sunion también, la conjunción de los lugares con los templos es perfecta y así el horizonte se hace templo y uno se siente en el centro del mundo. Tuve por ti nostalgia de que no hayas estado en Grecia, mas sabiendo muy de cierto que de alguna manera has estado. El azul de Delfos has tenido que verlo y la claridad de la Acrópolis que es la de la Virgen. En algunos momentos cerca del mar algo recordaba a La Habana, y mucho Eleusis a Almería, tierra de mi Madre". |
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